Al principio de una relación nadie necesita recordarte que prestes atención.
Quieres escuchar cada historia.
Quieres saber qué piensa.
Quieres verlo.
Quieres tocarlo.
Hasta un mensaje de:
“Ya llegué”.
puede producir una sonrisa sospechosamente grande.
Después pasan los años.
La intensidad puede cambiar, aparece la rutina y el amor empieza a necesitar algo que quizá al principio ocurría casi solo:
cuidado intencional.
Una relación duradera no vive únicamente de cuánto sientes por tu pareja. También vive de qué haces con ese amor cuando la vida deja de sentirse como una luna de miel.
¿Qué es el amor compasivo?
En psicología, el término amor compasivo se utiliza para describir una forma de amor orientada al bienestar de otra persona.
Puede incluir:
- Preocuparte genuinamente por cómo está.
- Desear su bienestar.
- Responder cuando necesita apoyo.
- Mostrar comprensión.
- Intentar aliviar dificultades cuando puedes hacerlo.
- Celebrar lo bueno que le ocurre.
No es exactamente lo mismo que pasión.
Tampoco es solamente compañerismo.
Se parece más a decir:
“Tu bienestar me importa porque tú me importas”.
¿La ciencia dice que este amor produce matrimonios felices?
No de una manera tan absoluta.
Y vale la pena corregir esa idea del título original.
Un estudio realizado con 242 personas casadas encontró una relación positiva entre amor compasivo y satisfacción matrimonial en adultos jóvenes, de mediana edad y mayores.
Pero los propios autores señalaron que las asociaciones eran débiles.
Eso significa que podemos decir:
“El amor compasivo parece relacionarse con una mayor satisfacción de pareja”.
Pero sería exagerado decir:
“Si tienes este estilo de amor, tu matrimonio será feliz”.
Una relación depende de muchas otras cosas:
- Compatibilidad.
- Comunicación.
- Confianza.
- Sexualidad.
- Dinero.
- Conflictos.
- Valores.
- Circunstancias de vida.
En parejas mayores también se ha observado una relación entre amor compasivo y satisfacción marital dentro de modelos que estudiaban cómo ciertas creencias sobre el matrimonio se relacionaban con el bienestar de ambos cónyuges.
Entonces, ¿cómo se ve el amor compasivo en la vida real?
No suele parecerse a una escena romántica espectacular.
Muchas veces se ve mucho más aburrido.
Y precisamente por eso importa tanto.
1. Preguntar cómo está y querer escuchar la respuesta
No solamente:
“¿Todo bien?”.
mientras ya estás abriendo Instagram.
Sino:
“Te noto preocupado. ¿Qué te está pasando?”.
2. Hacer espacio cuando sabes que está cargando demasiado
Puede ser:
- Asumir una tarea.
- Preparar comida.
- Dejar que descanse.
- Ayudar con algo que sabes que le pesa.
3. Celebrar lo que le importa aunque no sea tu tema favorito
Quizá te cuenta durante veinte minutos algo de su trabajo que tú comprendes aproximadamente en un 37%.
Aun así puedes decir:
“Sé cuánto querías conseguir eso. Estoy feliz por ti”.
4. Intentar comprender antes de juzgar
No significa estar de acuerdo con todo.
Puede ser:
“Yo lo veo diferente, pero quiero entender por qué esto te afectó tanto”.
5. Cuidar la manera en que le hablas incluso cuando estás molesto
La compasión no desaparece porque exista conflicto.
Puedes estar muy enojado y aun reconocer:
“Tengo derecho a hablar de esto sin intentar destruir a la persona con la que estoy hablando”.
Amor compasivo no significa sacrificarse siempre
Este punto es esencial.
Podríamos leer “querer el bienestar de tu pareja” y convertirlo rápidamente en:
“Una buena pareja siempre pone al otro primero”.
No.
Eso puede terminar en agotamiento y resentimiento.
Una relación saludable necesita:
- Cuidado por el otro.
- Cuidado propio.
- Límites.
- Reciprocidad.
El amor compasivo no significa:
- Resolver todos sus problemas.
- Aceptar faltas de respeto.
- Renunciar a tus necesidades.
- Cargar siempre con más.
- Quedarte en una relación dañina.
Querer el bien de tu pareja no requiere dejar de querer también tu propio bien.
La compasión tampoco significa justificar cualquier conducta
Puedes entender que tu pareja está bajo muchísimo estrés y aun decir:
“Entiendo que estés pasando por algo difícil. No está bien que me hables de esa manera”.
Puedes comprender de dónde vienen sus celos y decir:
“Sé que has tenido experiencias dolorosas, pero no voy a aceptar que revises mi teléfono”.
Comprender explica.
No siempre justifica.
¿Qué diferencia existe entre amor apasionado y amor compasivo?
El amor apasionado suele estar relacionado con:
- Deseo.
- Atracción intensa.
- Anticipación.
- Idealización.
- Necesidad de cercanía.
Es esa etapa donde:
“No puedo dejar de pensar en esta persona”.
El amor compasivo tiene más que ver con:
“Conozco mejor a esta persona, veo que no es perfecta y aun así quiero cuidar el vínculo y su bienestar”.
No son enemigos.
Una relación puede tener ambos.
De hecho, sería bastante agradable.
¿Y el amor compañero?
También conviene distinguirlo.
El amor compañero suele describir un vínculo profundo caracterizado por:
- Afecto.
- Confianza.
- Intimidad.
- Compañerismo.
El amor compasivo enfatiza especialmente el deseo de cuidar el bienestar del otro.
Los conceptos se pueden solapar, pero no son exactamente idénticos.
Una relación larga necesita algo más que “seguir enamorado”
Puede ser útil pensar que existen dos preguntas distintas:
Pregunta 1
“¿Qué siento por mi pareja?”.
Pregunta 2
“¿Cómo la estoy tratando?”.
Podemos querer muchísimo a alguien y, durante ciertas etapas, empezar a:
- Ignorarlo.
- Dar sus esfuerzos por sentados.
- Responder con impaciencia.
- Dejar toda la relación para después.
El sentimiento puede seguir allí.
Pero la experiencia del otro empieza a ser:
“Sé que dice que me ama, pero hace tiempo que no me siento cuidado”.
7 maneras de cultivar más amor compasivo sin convertirte en mártir
1. Pregunta antes de ayudar
En lugar de solucionar automáticamente:
“¿Quieres que te escuche, que pensemos una solución o necesitas ayuda concreta?”.
2. Observa lo que normalmente pasa desapercibido
Quizá tu pareja lleva semanas:
- Resolviendo algo familiar.
- Trabajando más.
- Durmiendo menos.
- Cargando una preocupación.
Decir:
“Te noto agotado últimamente. ¿Cómo estás llevando todo eso?”.
ya puede ser una forma de cuidado.
3. Aprende qué significa apoyo para esa persona
No todo el mundo quiere recibir cuidado de la misma manera.
Uno quiere hablar.
Otro quiere ayuda práctica.
Otro necesita espacio antes de hablar.
Apoyar mejor implica conocer esa diferencia.
4. Celebra sus buenas noticias
La compasión no existe solamente para el sufrimiento.
También puede verse como entusiasmo por el bienestar del otro.
Pregunta.
Interésate.
Celébralo.
5. Recuerda que ustedes están del mismo lado durante el conflicto
En lugar de:
“Tengo que ganarte esta discusión”.
intenta:
“Tenemos un problema y necesito que encontremos una manera de enfrentarlo sin hacernos más daño”.
6. Haz pequeñas cosas sin necesidad de llevar la cuenta
Un café.
Una tarea.
Un mensaje.
Un abrazo.
La idea no es:
“Yo hice tres cosas por ti, así que me debes tres”.
El cuidado pierde bastante encanto cuando necesita contabilidad diaria.
7. Permite que tu pareja también cuide de ti
Esto puede ser difícil para personas muy acostumbradas a cuidar a todos.
Si siempre dices:
“Yo estoy bien”.
la otra persona tiene pocas oportunidades de responder a tus necesidades.
La reciprocidad también requiere permitirte recibir.
Cuando cuidar empieza a sentirse como obligación
Si empiezas a pensar:
“Si yo no hago todo, esta persona no funciona”.
probablemente necesitamos diferenciar compasión de rescate.
Una relación entre adultos necesita dos personas capaces de asumir responsabilidad por sus vidas.
Puedes acompañar.
No necesitas convertirte en:
- Terapeuta.
- Padre.
- Gerente.
- Salvador.
de tu pareja.
¿Y si siento que soy yo quien siempre tiene compasión?
Entonces el problema quizá no sea que necesitas amar mejor.
Quizá necesitas hablar de reciprocidad.
Pregúntate:
- ¿Mi pareja también muestra interés por mis necesidades?
- ¿Puedo apoyarme en ella cuando yo estoy mal?
- ¿Mis sentimientos tienen espacio?
- ¿Yo cuido y ella simplemente recibe?
Una relación puede atravesar etapas temporales muy desiguales.
Pero permanentemente ser la única persona que sostiene emocionalmente el vínculo puede producir agotamiento.
La prueba del mal día
Una manera sencilla de pensar en este tipo de amor:
Imagina que tu pareja llega agotada después de un día horrible.
Pregunta:
“¿Mi primera reacción suele ser curiosidad por lo que necesita o irritación porque su mal día interfiere con el mío?”.
No necesitamos responder perfectamente siempre.
Todos tenemos días donde nuestra capacidad de compasión está aproximadamente en números negativos.
Busca el patrón general.
El ejercicio de “cómo te puedo cuidar mejor”
Cada uno completa:
- Cuando estoy estresado, me ayuda que…
- Cuando estoy triste, prefiero…
- Cuando tengo buenas noticias, me gusta que…
- Una cosa que haces y me hace sentir cuidado es…
- Una cosa que haces intentando ayudar pero no me ayuda mucho es…
- Una manera en que yo podría cuidarte mejor es…
- Un límite que necesito para poder cuidar también de mí es…
Después comparen.
Quizá descubran que llevan años queriendo cuidar al otro utilizando exactamente el método que ustedes mismos preferirían recibir.
Cuando hay amor, pero el cuidado se perdió dentro de la rutina
Este probablemente sea el escenario más común.
Nadie dejó de querer a nadie.
Simplemente la relación se llenó de:
- Trabajo.
- Hijos.
- Tareas.
- Pagos.
- Problemas.
Y cada uno empezó a asumir:
“Él sabe que lo amo”.
Pero el amor dejó de convertirse regularmente en conductas que el otro pudiera sentir.
Si se reconocen ahí y ambos quieren volver a darle intención a la relación, pueden trabajar juntos con CHISPA: 15 pasos que llevarán su relación a otro nivel.
CHISPA puede ayudarles a recuperar conversación, atención, reconocimiento, romanticismo e intimidad mediante acciones concretas. No sustituye apoyo profesional ni debe utilizarse para pedirle a una persona que siga dando indefinidamente dentro de una relación unilateral.
El amor que dura también necesita conducta
Podemos discutir muchísimo sobre cuál es el “tipo de amor correcto”.
Pero al final la experiencia de una relación ocurre en pequeñas preguntas:
¿Me escuchas?
¿Te importa cómo estoy?
¿Puedo apoyarme en ti?
¿Te alegras cuando me va bien?
¿Puedes estar molesto conmigo sin dejar de tratarme con dignidad?
¿También puedo cuidar de ti sin desaparecer yo?
Ese tipo de amor probablemente no tenga la intensidad cinematográfica del principio todos los días.
Pero puede tener algo mucho más útil para una relación larga:
consistencia.
Quizá el amor que más sostiene una relación no sea el que siente más fuerte, sino el que consigue convertir lo que siente en cuidado una y otra vez.
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