Tener un bebé puede producir uno de los contrastes más extraños de la vida en pareja.
Puedes mirar a esa pequeña persona y pensar:
“No sabía que podía amar así”.
Y veinte minutos después mirar a tu pareja a las tres de la mañana y pensar:
“Si me preguntas una vez más si ya cambié el pañal, tendremos problemas”.
Bienvenidos a la transición a la maternidad y paternidad.
Hay amor.
Hay ternura.
Y también puede haber sueño fragmentado, ropa por todos lados, conversaciones interrumpidas, menos tiempo, nuevas responsabilidades y dos adultos intentando aprender un trabajo para el que nadie recibió un manual completo.
Por eso muchas parejas sienten algo desconcertante durante los primeros meses:
“Estamos felices de tener a nuestro bebé… pero nosotros como pareja nos sentimos peor”.
Es posible que ambas cosas sean ciertas.
Tener dificultades como pareja después de convertirse en padres no significa que hayan dejado de amarse. Muchas veces significa que la estructura completa de su vida cambió y su relación todavía está intentando adaptarse.
¿Realmente cambia la relación después de tener un bebé?
Para muchas parejas, sí.
Una amplia investigación sobre la transición a la paternidad ha encontrado disminuciones promedio en satisfacción relacional después del nacimiento del primer hijo.
Un metaanálisis de 49 estudios encontró una disminución moderada de la satisfacción matrimonial entre el embarazo y los primeros 12 meses después del parto, seguida por una disminución más pequeña entre los 12 y 24 meses.
Eso no significa que todas las parejas empeoren.
Son promedios.
Algunas parejas:
- Se sienten más unidas.
- Desarrollan una nueva sensación de equipo.
- Se adaptan relativamente rápido.
Otras atraviesan:
- Más conflictos.
- Menos satisfacción.
- Mayor cansancio.
- Menos intimidad.
- Más resentimiento.
Y muchas experimentan un poco de ambos.
Entonces, ¿el llanto del bebé daña la relación?
No deberíamos plantearlo de esa manera.
Un bebé llorando puede aumentar momentáneamente el estrés, especialmente cuando los padres:
- Llevan muchas horas sin dormir.
- No saben qué necesita.
- No consiguen calmarlo.
- Están intentando trabajar al mismo tiempo.
- Sienten que uno está cargando con mucho más que el otro.
Pero el problema relacional no es simplemente:
“Nuestro bebé llora mucho”.
La pregunta más útil es:
“¿Qué ocurre entre nosotros cuando estamos cansados, estresados y el bebé necesita algo?”.
Ahí puede aparecer una diferencia enorme.
El bebé no crea todos los problemas: muchas veces aumenta el volumen
Antes quizá existía una pequeña diferencia.
Una persona era más organizada.
La otra improvisaba.
Funcionaba.
Después llega un bebé y ahora existe:
- Alimentación.
- Sueño.
- Pañales.
- Citas médicas.
- Lavandería.
- Compras.
- Rutinas.
De repente esa diferencia de personalidad puede convertirse en:
“¿Por qué tengo que ser yo quien recuerde absolutamente todo?”.
Otra pareja tenía estilos distintos para manejar el estrés.
Uno quería hablar.
El otro quería quedarse solo.
Antes podían manejarlo.
Ahora ambos están agotados y esa diferencia se siente mucho más grande.
Una revisión de estudios cualitativos sobre convertirse en padres encontró precisamente cambios importantes en la identidad de pareja, intimidad, comunicación, roles y distribución de responsabilidades.
7 razones por las que esta etapa puede poner a prueba la relación
1. Están cansados de una manera completamente nueva
La falta de sueño cambia muchísimo cómo reaccionamos.
Una frase que normalmente ignorarías puede sentirse como un ataque personal cuando dormiste tres horas interrumpidas.
Puede aparecer:
- Menos paciencia.
- Más irritabilidad.
- Más dificultad para escuchar.
- Peor capacidad para resolver problemas.
Entonces una conversación como:
“¿Puedes preparar el biberón?”.
puede convertirse inexplicablemente en una discusión sobre quién ha hecho más desde que nació el bebé.
No porque alguno se haya convertido en una mala persona.
Porque ambos quizá están funcionando con muy pocos recursos.
2. Aparece muchísimo más trabajo
Un bebé no reemplaza las responsabilidades anteriores.
Se añade a ellas.
Todavía existen:
- Trabajo.
- Cocinar.
- Limpiar.
- Pagar.
- Comprar.
- Familia.
Y ahora también existe una persona completamente dependiente de ustedes.
Eso obliga a renegociar quién hace qué.
El problema aparece especialmente cuando uno siente:
“No solamente hago más. También soy quien tiene que darse cuenta de que hay que hacerlo”.
3. La relación empieza a recibir únicamente lo que sobra
Antes quizá podían:
- Salir espontáneamente.
- Hablar durante horas.
- Dormir juntos sin interrupciones.
- Tener intimidad cuando querían.
Ahora todo requiere coordinación.
Y al final del día puede quedar aproximadamente:
“Bueno… tenemos doce minutos antes de quedarnos dormidos”.
Es fácil que la pareja empiece a convertirse en el último elemento de la agenda.
4. La intimidad física puede cambiar muchísimo
Después del nacimiento pueden existir cambios relacionados con:
- Recuperación física.
- Hormonas.
- Lactancia.
- Sueño.
- Dolor.
- Imagen corporal.
- Cansancio.
- Privacidad.
La frecuencia sexual puede cambiar.
También puede cambiar el deseo.
Una persona puede pensar:
“Ya no me desea”.
cuando la realidad quizá sea:
“Mi cuerpo y mi cabeza están completamente agotados”.
La intimidad necesita tiempo para adaptarse.
5. Pueden aparecer diferencias sobre cómo cuidar al bebé
Una persona dice:
“Cárgalo”.
La otra:
“Ya intenté todo”.
Una quiere una rutina precisa.
La otra prefiere adaptarse sobre la marcha.
Una investiga absolutamente todo.
La otra pregunta:
“¿De verdad necesitamos un artículo científico para decidir qué pijama ponerle?”.
No tienen que criar exactamente igual.
Pero sí necesitan aprender a respetar que pueden llegar al mismo objetivo mediante estilos ligeramente diferentes.
6. Puede aparecer resentimiento sobre quién está sacrificando más
Este es uno de los peligros importantes.
Una persona puede pensar:
“Mi vida entera cambió y la tuya casi no”.
La otra:
“Estoy haciendo todo lo que puedo y nada parece suficiente”.
El resentimiento crece especialmente cuando cada uno observa sus propios sacrificios y no alcanza a ver los del otro.
7. Ya no hablan como pareja, solo como padres
Las conversaciones se convierten en:
- ¿Comió?
- ¿Durmió?
- ¿Cuándo toca el próximo biberón?
- ¿Compraste pañales?
- ¿A qué hora es la cita?
Todo necesario.
Pero un día puede aparecer la sensación:
“Sé exactamente cuánto durmió nuestro bebé. No tengo idea de cómo estás tú”.
8 formas de proteger la relación durante esta etapa
1. Dejen de intentar demostrar quién está más cansado
Esta competición no tiene buen premio.
Una persona puede estar agotada físicamente.
La otra mentalmente.
Ambas pueden estarlo.
En lugar de:
“Tú por lo menos pudiste dormir cuatro horas”.
intenten:
“Los dos estamos funcionando al límite. ¿Cómo conseguimos que cada uno pueda descansar un poco más?”.
2. Repartan responsabilidad, no solamente tareas
Existe una diferencia entre:
“Dime qué quieres que haga”.
y:
“Yo me encargo completamente de esto”.
Por ejemplo:
- Uno maneja los suministros del bebé.
- El otro las citas.
- Uno cierta parte de la rutina nocturna.
- El otro otra.
Eso reduce que una persona tenga que ser gerente y trabajadora al mismo tiempo.
3. Utilicen la pregunta “¿qué necesitas ahora?”
Tu pareja está saturada.
No adivines.
Pregunta:
“¿Qué te ayudaría más ahora: dormir, bañarte, comer, estar solo un rato o que yo me quede contigo?”.
El apoyo se vuelve mucho más fácil cuando es específico.
4. Protejan pequeñas cantidades de tiempo de pareja
No necesitan organizar una cena romántica de cuatro horas durante las primeras semanas.
Puede ser:
- Tomar café juntos.
- Hablar diez minutos.
- Ver algo cuando el bebé duerme.
- Abrazarse antes de dormir.
La meta es recordar:
“Además de mamá y papá, todavía existimos nosotros”.
5. No conviertan cada momento juntos en una reunión de operaciones
Si consiguen quince minutos solos y los utilizan completos para:
- Comprar pañales.
- Organizar horarios.
- Hablar del pediatra.
siguen funcionando como padres.
Necesitan alguna conversación donde pregunten:
“¿Cómo estás tú?”.
6. Reconozcan los esfuerzos del otro
En etapas de agotamiento resulta fácil ver todo lo que falta.
Intenta también decir:
“Vi que anoche te levantaste aunque estabas destruido. Gracias”.
O:
“Sé que hoy fue pesado para ti. Estoy viendo todo lo que estás haciendo”.
El reconocimiento no resuelve una distribución injusta.
Pero ayuda a que el esfuerzo no se vuelva invisible.
7. Permitan que el otro cuide al bebé de una manera ligeramente diferente
Esto puede ser difícil, especialmente cuando una persona pasa muchísimo más tiempo con el bebé y ya conoce sus señales.
Puede aparecer:
“No, así no”.
cada treinta segundos.
Si el bebé está seguro, puede ser útil permitir que la otra persona desarrolle su propia relación y sus propias maneras de calmarlo.
De lo contrario puede aparecer un círculo:
- Una persona corrige constantemente.
- La otra pierde confianza.
- Participa menos.
- La primera termina haciendo más.
- Se resiente porque la otra participa menos.
8. Recuerden que esta etapa cambia
Cuando llevas cuarenta minutos intentando dormir a un bebé que claramente no recibió el memorando sobre el sueño, puede parecer que la vida será así para siempre.
No lo será exactamente.
Las demandas cambian.
El bebé cambia.
Ustedes desarrollan experiencia.
Eso no significa simplemente aguantar cualquier problema esperando que desaparezca.
Significa no interpretar cada dificultad temporal como:
“Nuestra relación siempre será así”.
No esperen una distribución perfectamente 50/50 todos los días
Habrá días donde uno dé más.
Quizá una persona:
- Está recuperándose físicamente.
- Está lactando.
- Regresó al trabajo.
- Está enferma.
La igualdad saludable no siempre significa dividir cada día exactamente a la mitad.
Importa que a largo plazo ambos perciban:
“Estamos intentando cargar esto juntos”.
La frase “yo te ayudo con el bebé” puede necesitar desaparecer
Cuando ambos son padres, uno no está “ayudando” al otro a cuidar a su propio hijo.
Está ejerciendo su responsabilidad.
Hay excepciones obvias cuando determinadas tareas solo puede realizarlas una persona.
Pero en general resulta más útil pensar:
“¿Cómo dividimos nuestro trabajo?”.
que:
“¿Cómo puedo ayudarte con lo que básicamente es tu trabajo?”.
¿Qué pasa con la vida sexual después del bebé?
No existe un calendario único para volver a sentirse sexualmente como antes.
Además de la recuperación médica pueden influir:
- Cansancio.
- Lactancia.
- Cambios hormonales.
- Estrés.
- Dolor.
- Imagen corporal.
- Miedo a otro embarazo.
No conviertan:
“¿Cuándo volveremos a tener sexo como antes?”.
en una presión constante.
Puede ser más útil hablar sobre:
- Qué se siente bien ahora.
- Qué necesita más tiempo.
- Qué tipo de contacto ambos desean.
- Cómo seguir sintiéndose pareja sin que todo contacto físico tenga una expectativa sexual.
Cuando una persona siente que perdió completamente su identidad
Convertirse en padre o madre puede modificar enormemente la vida diaria.
Una persona puede pensar:
“Ya no sé quién soy aparte de cuidar al bebé”.
Eso puede afectar la relación.
Intenten ayudar a que ambos tengan pequeñas oportunidades para:
- Ver amistades.
- Hacer ejercicio.
- Estar solos.
- Retomar intereses.
La relación necesita un “nosotros”.
Pero también necesita que sigan existiendo dos personas.
La conversación semanal de 15 minutos
Una vez por semana, cuando sea medianamente posible, pregúntense:
- ¿Cómo estás tú de verdad?
- ¿Qué fue lo más difícil de esta semana?
- ¿En qué momento te sentiste apoyado por mí?
- ¿Hay algo que estás cargando demasiado?
- ¿Qué podría hacer yo esta semana para ayudarte?
- ¿Qué momento tuvimos como pareja que te gustó?
No intenten resolver absolutamente todo.
El objetivo es evitar que pasen meses sin saber cómo está viviendo el otro esta etapa.
Cuando ambos están funcionando bien como padres pero mal como pareja
Esto puede pasar.
El bebé está cuidado.
Las citas se cumplen.
La casa funciona.
Pero ustedes se sienten como dos compañeros realizando turnos.
Uno pasa el bebé.
El otro recoge.
Uno duerme.
El otro vigila.
Y llevan semanas sin sentir que realmente tuvieron un momento juntos.
Eso no significa que necesiten empezar inmediatamente con grandes planes románticos.
Necesitan recuperar gradualmente pequeñas señales de pareja.
Cómo volver a encontrarse sin añadir otra obligación
Empiecen diminuto.
Durante una semana:
- Un abrazo intencional al día.
- Diez minutos para conversar.
- Un agradecimiento concreto.
- Un mensaje que no trate del bebé.
No parece espectacular.
Ese es el punto.
Una pareja con un bebé quizá no necesita otra lista imposible de cumplir.
Necesita algo suficientemente pequeño para sobrevivir al cansancio.
Cuando ya salieron un poco del modo supervivencia
Después de los primeros meses puede llegar un punto donde ambos sienten:
“Ya estamos manejando mejor esto de ser padres. Ahora necesitamos volver a encontrarnos nosotros”.
Ese es precisamente un momento donde CHISPA: 15 pasos que llevarán su relación a otro nivel puede tener mucho sentido.
CHISPA puede ayudarles a recuperar conversaciones, atención, romanticismo e intimidad mediante acciones pequeñas y prácticas, adaptándolas a la realidad de tener hijos.
No está diseñada para convertir el posparto en otra lista de obligaciones ni sustituye atención médica o psicológica cuando alguno de los dos está atravesando una dificultad que necesita apoyo profesional.
No conviertan el cuidado de la relación en otra fuente de culpa
Este punto me parece especialmente importante.
Puede que estén leyendo esto con un bebé de dos meses pensando:
“Perfecto. Además de mantener vivo a un ser humano ahora resulta que tenemos que tener citas semanales, conversaciones profundas y una vida sexual espectacular”.
No.
Hay etapas donde cuidar la relación significa simplemente:
- No tratarse mal.
- Darse relevos.
- Reconocer el esfuerzo.
- Dormir cuando puedan.
- Recordar que están del mismo lado.
La conexión puede reconstruirse progresivamente.
Cuándo puede ser importante pedir ayuda
Después de tener un bebé pueden aparecer dificultades que van más allá del cansancio normal de una nueva etapa.
Busquen apoyo profesional cuando alguno de los dos experimenta cambios emocionales intensos o persistentes que afectan su capacidad de funcionar, cuidarse o cuidar al bebé.
También puede ayudar buscar terapia de pareja cuando:
- El resentimiento está creciendo rápidamente.
- Discuten constantemente.
- No consiguen hablar sin escalar.
- La relación se siente completamente desconectada.
- Alguno está considerando terminar.
No necesitan esperar hasta que la relación llegue al límite.
El bebé no necesita padres que nunca discutan
Ni ustedes necesitan transformarse en una pareja perfecta después de convertirse en padres.
Van a estar cansados.
Van a equivocarse.
Probablemente alguna vez discutirán sobre algo ridículo y después descubrirán que ninguno recordaba bien lo ocurrido porque ambos llevaban una semana durmiendo en fragmentos.
Lo importante es aprender a volver.
Decir:
“Lo siento. Estamos agotados y te hablé mal”.
O:
“Sé que los dos estamos intentando hacerlo bien. Necesito que encontremos otra manera de repartir esto”.
Convertirse en padres no significa dejar de ser pareja
Pero durante un tiempo puede sentirse exactamente así.
Las necesidades del bebé son inmediatas.
La relación parece capaz de esperar.
Y precisamente por eso puede terminar esperando demasiado.
No necesitan poner su relación por encima de un bebé que depende completamente de ustedes.
Necesitan encontrar pequeños lugares donde el vínculo también continúe respirando.
El objetivo no es volver a la relación que tenían antes del bebé. Es construir una nueva versión donde puedan ser padres sin olvidar que también siguen eligiéndose como pareja.
Fuentes consultadas
- Bogdan y colaboradores: metaanálisis sobre transición a la paternidad y cambios en satisfacción matrimonial durante los primeros dos años.
- Mitnick, Heyman y Slep: metaanálisis sobre cambios en satisfacción relacional desde el embarazo hasta después del nacimiento.
- Delicate y colaboradores: revisión sistemática y síntesis cualitativa del impacto de convertirse en padres sobre la relación de pareja.
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